MI NOMBRE ES CRISIS
Frei Betto
ALAI AMLATINA, 02/12/2008, Sao Paulo.
Antes no se hablaba tanto de mí como ahora.
Y todo por causa de una crisis en el sistema financiero.
También África está en crisis crónica -de democracia, de alimentos, de
recursos-,
pero ¿quién habla de ello?
Existe amenaza de crisis del petróleo; gobernantes y empresarios sienten
pánico ante la posibilidad de no poder alimentar a los 800 millones de
vehículos que ruedan sobre la faz de la Tierra.
El año pasado, debido al aumento del precio de los alimentos, el número de
hambrientos crónicos subió de 840 millones a 950 millones, según la FAO;
pero ¿quién se preocupa de alimentar a miserables?
Mi nombre deriva del griego krisis, discernir, escoger, distinguir, en fin
tener ojos críticos. Tengo familiaridad también con el verbo acrisolar,
purificar. Contra lo que supone el sentido común, no soy, en sí, negativa.
Formo parte de la evolución de la naturaleza.
Hubo una crisis cósmica cuando una vieja estrella, paradójicamente llamada ‘supernova’, explotó hace 5 mil millones de años; sus fragmentos, lanzados
por el espacio, dieron origen al sistema solar. El sol es un trozo de
supernova dotado de calor propio. La Tierra y los demás planetas,
fragmentos incandescentes que poco a poco se fueron enfriando. Dentro de
unos 5 mil millones de años más el sol también verá dilatarse su grosor
hasta llegar a deshacerse en los abismos siderales.
Todos nosotros, lectores, pasamos por la crisis de la pubertad. Nos dolió
el vernos expulsados del reino de la fantasía, la infancia, para abrazar
el de la realidad. Pero no todos hacen esa travesía sin riesgos. Hay
adolescentes inmersos de tal modo en la fantasía que, ante los indicios de
la edad adulta, que consiste en encarar la realidad, prefieren refugiarse
en las drogas. Y hay adultos que, desprovistos del sentido del ridículo,
viven en crisis de adolescencia…
Soy resultado de la contradicción inherente a los seres humanos: no hay
quien no lleve en sí a su opuesto. ¡Cuántas veces, en el tráfico, el más
amable ciudadano mete el carro por la zona de los peatones; y la gentil
doncella toca desesperada el claxon; y el estudiante aplicado acelera más
allá de lo conveniente! No es fácil conciliar el modo de pensar con el
modo de actuar.
Estoy muy presente en las relaciones conyugales desprovistas de valores
arraigados. Sobre todo cuando la desnudez de los cuerpos no traduce la de
los espíritus y lo no dicho prevalece sobre lo dicho. Por suerte muchas
parejas consiguen superarme a través del diálogo, de la terapia, del
descubrimiento de que el amor es un ejercicio cotidiano de donación
recíproca. El príncipe y el hada encantados habitan el ilusorio castillo
de la imaginación.
Ahora asusto al casino global de la especulación financiera. Se creyó que
el capitalismo era permanente, sobre todo en su versión neoliberal
religiosamente apoyada en dogmas de fe: el libre mercado, la mano
invisible, la capacidad de autorregulación, la privatización del
patrimonio público, etc.
Diecinueve años después que hice estremecer al socialismo europeo, heme
aquí generando inquietud en el mercado. La lógica del bienestar no casa
con lo imprevisto, lo inusitado, el fracaso, esas cosas que se siguen de
mi presencia. Los gobernantes se apresuran a tratar de calmar los ánimos
como la tripulación del Titanic: mientras el agua inundaba la quilla
ordenó a la orquesta que siguiera tocando…
Tengo dos caras. Una ocasiona a mis víctimas desesperación, miedo,
inquietud. Alcanza a aquellas personas que no creían en mi existencia o me
miraban como si yo fuese una bruja, figura mitológica del pasado que ya no
representa ninguna amenaza.
Mi otra cara, la positiva, es la que el águila conoce a los 40 años: las
plumas ya son viejas, las garras desgastadas, el pico romo. Entonces ella
se aísla durante 150 días y se arranca las plumas y las garras y se rompe
el pico. Espera pacientemente el cambio. Y luego vuela saludable rumbo a
otros 30 años de vida.
Soy presencia frecuente en la experiencia de la fe. Muchos, al pasar de
una fe infantil a la adulta, confunden el desmoronamiento de la primera
con la inexistencia de la segunda; y se vuelven ateos, indiferentes o
agnósticos. No dan el paso desde el Dios de “allá arriba” al Dios de “aquí
dentro” del corazón. Asocian la fe a la culpa y no al amor.
Creo que esta conmoción en la especulación financiera traerá nuevos
paradigmas a la humanidad: menos consumismo y más modestia en el estilo de vida; menos competitividad y más solidaridad entre personas y tareas;
menos obsesión por el dinero y más por la calidad de vida.
Todas las veces que irrumpo en la historia o en la vida de las personas
traigo un mensaje: es hora de comenzar de nuevo. Quien pueda entender, que entienda.
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